El jazz es uno de los sentimientos musicales más aferrados a la piel de la vida, que, ya se sabe, tiene muchas texturas y colores. A su paso por el siglo XX, el género se apoderó del mundo entero y hoy, en el umbral de un nuevo milenio, su eco creativo se atiende desde la creación más íntima y privada. Hoy su latido universal nos llega desde lo local o al revés, lo mismo da. Lo importante en esta reflexión es el gran valor que el jazz concede al discurso personal, a la literatura escrita en primera persona y a la sinceridad del hecho artístico. En este sentido, la originalidad de un proyecto viene marcado por la intención de sus propietarios y el respeto a la esencia de un discurso que bien puede abrazar armoniosamente tradición y contemporaneidad.
Chucho Valdés viene denunciando desde hace años la preocupante colonización anglosajona que sufre el jazz latino, al que ahora rinden culto instituciones académicas como el Berklee College of Music de Boston. El pianista y maestro cubano alerta sobre las graves consecuencias de esta tendencia y vaticina que, de seguir así, acabará por desdibujar los valores y las esencias originales de este latido caribeño. A todo ello contestan el saxofonista Bobby Martínez y el pianista Pepe Rivero, ideólogos y portavoces de una de las maquinarias orquestales más gozosas e inteligentes con que cuenta el jazz moreno actual: La Creativa Big Band Latina. Después de esforzadas sesiones de trabajo y un montón de noches gastadas en torno al ritmo y la melodía, ahora su descarga sonora asiste al lanzamiento de su primer álbum, Ni pa tí ni pa mí, publicado en un nuevo y audaz catálogo editorial, Espacio Creativo Discos.
A lo largo de los nueve itinerarios que propone esta locomotora musical, cualquiera puede intuir el respeto y orgullo que todos sus miembros sienten por el sonido caribeño, y, en especial, por su vertiente, no ya cubana, sino cubanísima. Hay en su respiración evocaciones a orquestas bailables como la del venerable Pérez Prado, explícitas en temas como ese Tumbao de Benny, el cha cha chá Que te denudes o el universal Mambo Tequila, compuesto precisamente por el maestro de Matanzas. Asimismo, el eco latino de popes como Dizzy Gillespie o Cal Tjader y formaciones más cercanas como Irakere, también descubre aquí justas e inteligentes prolongaciones en las encendidas interpretaciones de Tumba en tres, Paulia o la genérica Ni pa ti ni pa mí. No obstante, todas estas alusiones no tendrían mayores garantías si no estuvieran avaladas por la personalidad de un colectivo con voz propia y una actitud comprometida con la renovación y ampliación del vocabulario del jazz latino.
En este sentido, sería injusto destacar alguna de las líneas que conforman su organización y que, al margen de la sección rítmica, se estructura en torno a cinco saxofones, cuatro trombones y cuatro trompetas. Así pues, y por aquello de resumir, bien podríamos titular todos sus méritos bajo la dirección artística de los mencionados Bobby Martínez y Pepe Rivero y el concurso invitado del cantante y bajista Alaín Pérez, que, junto con Miguel Blanco, también participa en los buenos arreglos de una orquesta tan arrebatadora como necesaria: La Creativa Big Band Latina. ¡Qué goce la música! ¡Candela!
Pablo Sanz
El Mundo/Scherzo